Mitos y Leyendas de Ipiales.
Introducción: Ipiales es
una ciudad colombiana situada en el departamento de Nariño y cabecera del municipio del mismo nombre. Es
puerto aéreo y terrestre fronterizo pues se ubica en la frontera con la
república del Ecuador; en el Nudo de los Pastos, en el altiplano andino; relativamente cerca de la costa del océano Pacífico, al pie de monte amazónico y a la línea equinoccial; siendo una región panamazónica.
La Ciudad
y Municipalidad forma parte de la conurbación
binacional Tulcán-Ipiales en donde viven 196.630 habitantes,
aunque estos datos podrían ser más elevadas ya que la cifra dada para el
municipio de Ipiales corresponde al censo 2005 y la del cantón de Tulcán del censo 2010. Según estimaciones
para el 2012 la población de ambas ciudades aglomeradas es de alrededor de
220 000 de habitantes, y es por tanto el área metropolitana
fronteriza más poblada del lado ecuatoriano y la segunda más poblada del
lado colombiano.En época prehispánica la comarca estaba habitada por el pueblo
de los Pastos, quienes resistieron a la invasión de los incas, cuando estos
entraron a la región bajo el mando de Huayna Cápac, hacia 1480. La nación
de los Pastos, era un conglomerado indígena existente de tiempo inmemorial,
que ya tenían fundados sus pueblos. Estaban organizados en cacicazgos, con
bohíos circulares en número de cien, "eran agricultores, cazadores,
alfareros, orfebres"; creían en la inmortalidad del alma, tenían sus
dioses: el Sol, la Luna, el mono, los ríos, lagunas, montañas; y su santuario
en el hoy pictógrafo de los Monos en Potosí y su centro astronómico en el
petroglifo de Machines en Cumbal. Eran amantes de la Pacha Mama (madre tierra).
Los indígenas Pastos, trabajaron con maestría la cerámica, la orfebrería, los
tejidos; poseían conocimientos de astrofísica, medicina tradicional, desarrollo
endógeno, educación y derecho propio y cosmovisión; legado que nos asombra y
demuestra el adelanto cultural de nuestros antepasados.
Mitos:
Origen del
Río Guitara.
En un
guaico de la región de huntallacta, habitada por familias de la población
quillacenca, vivía la familia de los guitaros, aferrados a la tierra que
explotaban en pequeñas parcelas y recolectaban frutos silvestres para su
alimentación.
Estos
originaios adoradores de ídolos de la naturaleza como la ñucallacta (madre
tierra) intiguasy (sol), nunca pensaron que a su región le “llegarían los malos
tiempos”, siendo por entonces atacados por clanes de otras regiones de las que
hacía mucho tiempo no tenían mayores datos; tal vez fue en los tiempos de la
invasión inca a la región del Pilcomayo. Se llenaron de pavor cuando esto
ocurrió, sintieron su mundo derrumbarse creyendo que los cencas del chota,
caníbales, guerreristas crueles, descendientes de los incas de tiuantisuyo,
habían llagado a exterminarlos. Al saberse de la gran cantidad de intrusos
armados decidieron huir, no tuvieron tiempo para organizarse, se desparramaron
por un desfiladero al Yunguita camino de Ancoya y Sandoná.
Fueron
perseguidos, apresados, obligados a trabajar la tierra como esclavos, subyugada
su libertad y tranquilidad. Entre los prisioneros cayó su cacique Guaitara,
que se decía era un hombre gran trabajador, rudo pero insigne defensor de su
pueblo.
EL
Guaitara, rendido y humillado por los implacables incas, mantenía la mirada
vaga hacia el Sol, le vieron triste y que su vida se apagaba lentamente, las
noches se le volvían negras, nubladas y lluviosas lo que lo llevó a profunda
tristeza, lo embargó la impotencia al no poder defender a su pueblo, lloraba de
manera incansable y copiosa sin que los suyos pudieran hacer algo para
rescatarlo, no contó con la piedad de los invasores que se dedicaron a
colonizar sus tierras.
En el
lugar de cautiverio su llanto era tan profuso que de sus ojos salían riachuelos
que al juntarse sobre su colérico y agitado pecho formaron un río que bajó como
fuente inagotable, rugiente y tormentosa como clamando venganza.
Ese río es
el mismo Guaitara, cuyo caudal se creció como en temporal de invierno. Río en
el que la propia mirada del indio se desvaneció sin esperanzas, su cuerpo
languideció, perdió las energías y se dejó llevar en sus propias aguas hasta
llegar al Pilcomayo donde formó un remolino que lo impulsa hasta el mar donde
logró ganar su libertad para nunca más volver. Los guerreros incas invasores
jamás lo volvieron a encontrar.
Esta rebeldía parece ser la que lleva años después a que sus descendientes GUAYROS, (indios de Guaitarilla) reconocidos por su espíritu indómito afloraran un 18 de mayo, todo ese caudal de rebeldía liderados por Francisca Aucu y Manuela Cambal, para protestar contra los extraños Clavijo.
Origen
de la laguna de la cocha.
El cacique Pucara, cuyo nombre significa Fortaleza, estaba enamorado de
la princesa Lluvia de Estrellas, logró conquistarla y formar con ella un hogar
donde nacieron tres hijos: Lucero, Estrella y Viento. Los cinco vivían muy
felices en ese valle de los Andes que albergaba a siete sobresalientes
ciudades, según testimonio tradicional de los viejos pobladores del sector.
Dice la leyenda, que no podía faltar en ninguna armonía social y familiar la presencia de maldad y envidia, y así fue que durante una de las fiestas del Baile del Sol, cuando ya los niños de Lluvia de Estrellas estaban grandecitos, Fortaleza invitó y llevó a su esposa a una de las siete ciudades donde celebraban las mejores fiestas en honor del dios Sol, allí se divirtieron mucho hasta el amanecer.
Narran que Munani (el amante), era el bailarín principal de la comparsa del festejo, impresionó grandemente al público en general, pero de manera particular dejó caer su gracia y su encanto en la princesa Tamia o Lluvia de Estrellas.
Para la princesa Lluvia de Estrellas, los días a partir de aquella fiesta no fueron los mismos, pensaba en el danzante Munani. Un día, cuando Pucara no se encontraba en casa, llegó Munani a buscar a Tamia, ésta salió y regocijada atendió al danzante, quien definitivamente había impactado en su corazón. Besos y abrazos se dieron los nuevos amantes. Concertando citas a partir del momento, acordaron un día romper con su silencio y decirles a todo el pueblo lo que estaba sucediendo.
Dicen que cuando la gente se dio cuenta de que Tamia y Munani estaban enamorados, Pucara se entristeció, acabó con su liderazgo y no queriendo estorbar en el camino de los nuevos amantes, se fue a la montaña con sus tres hijos y comenzó a criar y cuidar insectos.
Tamia y Munani comenzaron a andar sin restricción alguna por entre las siete ciudades, se entregaron al amor y la diversión sin ninguna restricción, situación que escandalizó a la comunidad entera, obligando a las personas a no prestar ninguna clase de servicio a los nuevos amantes.
Dicen que un día, golpeando de puerta en puerta, pedían que les regalaran un pilche (totuma o mate) con agua y nadie respondía a su llamado. Hasta cuando se encontraron con un niño, a quien engañaron con la entrega de un pedazo de pan, logrando el pilche con agua.
Los dos enamorados, se acostaron en un potrero cercano y dejaron el pilche con agua a sus pies, y el hombre lo regó. No se dio cuenta que el agua derramada de la totuma comenzaba a crecer hasta que prácticamente los estaba ahogando; en ese momento, llegó un insecto, de los que Pucara criaba y cuidaba con sus tres hijos, lo picó y lo hizo botar abundante agua por la boca y nariz.
Era tan grande su caudal que rápidamente inundó la totalidad del valle, quedando bajo el agua las siete ciudades. Cuentan algunos pobladores, que un sonido de campana fue lo último que se escuchó sobre ese sector que hoy conocemos como el Lago Guamuez o Laguna de La Cocha.
Pucara, que asombrado y entristecido observaba desde la montaña con sus hijos el encantamiento del lugar, lloró tristemente su desgracia, se acogió cariñosamente a sus tres hijos y se quedó petrificado para siempre en la montaña que lleva el nombre del insecto que picó a su rival, !El Tábano!
Cuenta la tradición popular que cuando Pucara recuerda la traición de Tamia con Munami, llora tristemente en medio de rayos y centellas, y sus lágrimas aumentan el caudal de la laguna, causando grandes estragos a los pobladores de las orillas de La Cocha.
Dice la leyenda, que no podía faltar en ninguna armonía social y familiar la presencia de maldad y envidia, y así fue que durante una de las fiestas del Baile del Sol, cuando ya los niños de Lluvia de Estrellas estaban grandecitos, Fortaleza invitó y llevó a su esposa a una de las siete ciudades donde celebraban las mejores fiestas en honor del dios Sol, allí se divirtieron mucho hasta el amanecer.
Narran que Munani (el amante), era el bailarín principal de la comparsa del festejo, impresionó grandemente al público en general, pero de manera particular dejó caer su gracia y su encanto en la princesa Tamia o Lluvia de Estrellas.
Para la princesa Lluvia de Estrellas, los días a partir de aquella fiesta no fueron los mismos, pensaba en el danzante Munani. Un día, cuando Pucara no se encontraba en casa, llegó Munani a buscar a Tamia, ésta salió y regocijada atendió al danzante, quien definitivamente había impactado en su corazón. Besos y abrazos se dieron los nuevos amantes. Concertando citas a partir del momento, acordaron un día romper con su silencio y decirles a todo el pueblo lo que estaba sucediendo.
Dicen que cuando la gente se dio cuenta de que Tamia y Munani estaban enamorados, Pucara se entristeció, acabó con su liderazgo y no queriendo estorbar en el camino de los nuevos amantes, se fue a la montaña con sus tres hijos y comenzó a criar y cuidar insectos.
Tamia y Munani comenzaron a andar sin restricción alguna por entre las siete ciudades, se entregaron al amor y la diversión sin ninguna restricción, situación que escandalizó a la comunidad entera, obligando a las personas a no prestar ninguna clase de servicio a los nuevos amantes.
Dicen que un día, golpeando de puerta en puerta, pedían que les regalaran un pilche (totuma o mate) con agua y nadie respondía a su llamado. Hasta cuando se encontraron con un niño, a quien engañaron con la entrega de un pedazo de pan, logrando el pilche con agua.
Los dos enamorados, se acostaron en un potrero cercano y dejaron el pilche con agua a sus pies, y el hombre lo regó. No se dio cuenta que el agua derramada de la totuma comenzaba a crecer hasta que prácticamente los estaba ahogando; en ese momento, llegó un insecto, de los que Pucara criaba y cuidaba con sus tres hijos, lo picó y lo hizo botar abundante agua por la boca y nariz.
Era tan grande su caudal que rápidamente inundó la totalidad del valle, quedando bajo el agua las siete ciudades. Cuentan algunos pobladores, que un sonido de campana fue lo último que se escuchó sobre ese sector que hoy conocemos como el Lago Guamuez o Laguna de La Cocha.
Pucara, que asombrado y entristecido observaba desde la montaña con sus hijos el encantamiento del lugar, lloró tristemente su desgracia, se acogió cariñosamente a sus tres hijos y se quedó petrificado para siempre en la montaña que lleva el nombre del insecto que picó a su rival, !El Tábano!
Cuenta la tradición popular que cuando Pucara recuerda la traición de Tamia con Munami, llora tristemente en medio de rayos y centellas, y sus lágrimas aumentan el caudal de la laguna, causando grandes estragos a los pobladores de las orillas de La Cocha.
Leyendas:
Leyenda
del duende: Son ciertos espíritus traviesos que se encargan de atormentar a
las personas de cualquier edad, especialmente a las muchachas que tienen novio.
En algunos casos las picardías no pasan de cambiar las cosas de su lugar o
esconderlas; de revolcar lo que se halla bien colocado y traer noticias. En
otros casos son perversos: cuando se la dedican a una persona o a una familia
entera, van todas las noches a tirar piedras o terrones en una forma exagerada,
que parece un torrencial aguacero de balasto.
A las jovencitas que tienen novio y cuando éste está de visita, las
fastidian con órdenes o secretos malignos al oído, que hacen que el pobre joven
se indigne y termine el noviasgo. Si no esta presente el muchacho o
pretendiente, las perturban en la casa con órdenes y consejos, hasta que logran
que no se realice el matrimonio.
Durante el sueño, estos espíritus les ocasionan pesadillas, las llaman a
un lugar conocido, hasta que las tornan sonámbulas. Así han encontrado varias
vagando lejos de su residencia; van o vienen por determinado sitio sin darse
cuenta ellas de tal acto, hasta que alguno de la familia o conocido la
encuentra en estado de subconsciencia.
Son incontables los casos que se conocen, de familias y jóvenes que han
tenido que emigrar a sitios distantes para librarse de tan fastidiosa
persecución. No hay ciudad o pueblo, donde no se hayan conocido estos
desastrosos acontecimientos ocasionados por los duendes.
En una antigua hacienda, vivía un matrimonio con tres hijas casaderas;
todas tenían novio y con frecuencia hacían fiestas, que no eran más que simples
reuniones ejemplares donde primaban los juegos de salón o las
demostraciones artísticas acompañadas de algún instrumento.
Un sábado en que estaba revolucionada la casa con la llegada de más invitados,
en la cocina se alistaba la preparación de ricos manjares. La servidumbre se
sentía impresionada porque nada de lo que emprendían podían realizarlo.
Resolvieron llamar a la patrona para advertirle que no se podía hacer nada,
porque todo resultaba mal; que parecía que los diablos estuvieran metidos allí,
porque no podían realizar el oficio que les habían asignado. La señora con las
tres hijas se alarmaron más, porque a ellas, en las habitaciones interiores les
sucedía iguales cosas.
Cuando la señora entró sola al salón, escuchó una voz tras de la puerta
que decía: "...no se afane que los invitados no vendrán. Hoy están de
honras fúnebres...". Al escucharesto lanzó un grito la pobre
señora, pero la voz se dejó oír de nuevo: "...no se asuste,
agradézcame el aviso...".
Apenas llegó el esposo lo puso al corriente de los misteriosos sucesos,
manifestándole mudarse inmediatamente para el pueblo.
La dama no pudo más. Llamó a sus tres hijas para contarles lo sucedido y
para que le ayudaran a pensar cómo remediaban lo acontecido. Estaban en
conjeturas, cuando llegó un peón trayendo la misma noticia que había
suministrado el duende. Apenas llegó el esposo lo puso al corriente de los
misteriosos sucesos, manifestándole mudarse inmediatamente para el pueblo.
El trasteo se efectuó en la semana siguiente y cuando la dueña estaba
sola desempacando baúles y petacas, escuchó tras de la puerta la misma voz que
le decía: "...en que le puedo servir?. Sabe usted... me vine entre los
tremotiles del viaje...". La señora asustada le pregunto: "eres un
bicho, un alma en pena o que eres?". La respuesta no se dejó esperar:
"...soy tu amigo, tu fiel compañero y servidor...".
Así un día y otro día seguía el duende atormentando a la dama,
ocasionándole un nerviosismo desesperado. Tan pronto el esposo llegó del campo,
manifestó su deseo de trasladar toda la familia a la capital del país. El
esposo algo contrariado porque este viaje le ocasionaba pérdidas en sus
negocios, ante la apremiante situación de intranquilidad y desasosiego tuvo que
acceder. Vendieron ambas posesiones y se marcharon.


Cuentan que cuando la dama esta distribuyendo los muebles y
demás enseres del equipaje, la voz volvió a atormentarla en
una forma tan pertinaz que ya no tuvo alientos de luchar y enfermó.



Las hijas alarmadas llamaron al cura de la parroquia para que fuera a
bendecir la casa y hacer exorcismos. Dicen que fue la única forma de
librarse de los tormentos del duende.
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